Conocemos todo tipo de casos: perros y gatos que son colegas y viven felices juntos, perros y gatos que se ignoran, y también el clásico caso de perros y gatos que no se pueden ni ver. Tampoco es lo mismo que se conozcan desde cachorros, que uno de ellos haya llegado después y por tanto sea visto como “invasor” por parte de su compañero de piso. ¡Cada caso es un mundo!

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Si quieres que tus mascotas no se lleven “como el perro y el gato“, te recomendamos que pongas en práctica los siguientes consejos.

1. Trata de hacer una buena pareja al elegir a tus mascotas

Si desde el principio sabes que vas a tener un perro y un gato, elige animales que hagan más sencilla la convivencia. Por ejemplo, si vas a adoptar a un perro o un gato adulto, pregunta por sus experiencias anteriores. Si es un animal muy nervioso y no está acostumbrado a convivir con otros animales, será más complicado que luego se acostumbre. De igual modo, si vas a adquirir un perro o un gato de una raza determinada, pregunta antes al criador o veterinario sobre cómo suele ser la relación de la raza o la camada con otros animales.

Por ejemplo, a los gatos callejeros domesticados les cuesta mucho relacionarse con perros, a los que ven como un animal del que hay que huir. Igualmente, a algunos perros (por ejemplo los de caza, o los terriers) les resulta muy difícil acostumbrarse a la convivencia con un gato, a la que consideran una presa.

Es más sencillo que ambos se acostumbren a una vida en común si se conocen desde que son cachorros, pero aún así tendrás que tener ciertas precauciones. Generalmente, los cachorros de perro suelen tener más fuerza que los gatitos, por eso conviene que sus encuentros y sus juegos estén vigilados por ti o alguien de la familia hasta que sean un poco mayores, ya que se podrían hacer daño sin querer, al medir mal sus fuerzas.

2. Prepárate para convivir con dos mascotas

Si es el caso de dos mascotas adultas que van a empezar a convivir juntas (por ejemplo, si te vas a vivir con tu pareja, que tiene su propia mascota), podéis hacer que se conozcan un poco antes. Empezando por el olor: los animales, antes que de forma visual, se reconocen por el olor, por eso puedes ir presentándoles desde la distancia, frotando una prenda de ropa y dándosela para oler al otro, por ejemplo.

Luego, ten en cuentan que vas a necesitar un extra de tiempo y de paciencia para dedicarles, así que si estás en una situación muy estresante o dedicado full time a tu trabajo, espera a un momento mejor.

3. Haz las presentaciones con mucha paciencia

Si se da el caso (más frecuente) de que ya tienes una mascota adulta en casa cuando llega la nueva, necesitarás una dosis extra de paciencia para hacer las presentaciones, ya que pueden tardar días o semanas en acostumbrarse el uno al otro.

Los gatos son territoriales y no les gustan los cambios, así que si es él (o ella) quien estaba antes, puede ponerse agresivo. Una buena idea es, hasta que se acostumbren, separar las zonas de la casa en las que tienen permitido estar, y dedicar un tiempo en exclusiva para cada mascota, reservando un tiempo y espacio común para ambas a la vez.

Para empezar recomendamos mantener al perro atado con la correa hasta que se vaya acostumbrando por si es este quien se pone un poco agresivo, y en casos extremos se puede empezar por mantener a uno de los dos dentro de un transportín, o con una malla que los separe.

4. Da a cada uno su espacio

Mantén los recipientes de agua, comida y juguetes en diferentes habitaciones, y no permitas que uno hurgue en las cosas del otro, porque eso podría dar problemas. Si es necesario, mantén esas estancias “prohibidas” para la otra mascota.

El problema más habitual suele se que a los perros les encanta meter las narices (literalmente) en la caja de arena, y los gatos ven invadido su territorio, lo que puede hacer que busquen otro lugar para hacer sus necesidades, o incluso que sufran de estreñimiento. Es importante que el perro no pueda acceder a la caja del gato, así que ponla en una habitación a la que no pueda acceder, o hazte con una caja cerrada para que no pueda husmear, o mantenla en un lugar oscuro (el gato podrá acceder a ella perfectamente con su visión nocturna, pero el perro no).

Lo mismo ocurre con la comida, en la mayoría de los casos es el perro quien puede tener demasiado interés en la de su compañero felino, pero también puede pasar al revés. La mejor opción es mantener “mesas separadas”.

5. ¡Una precaución extra!

Aunque no es buena idea quitar las uñas a los gatos, a veces un simple limado de uñas no es suficiente. Si crees que es necesario, comenta a su veterinario sobre la posibilidad de poner unas fundas de vinilo provisionales al gato, que duran unas cuantas semanas, las suficientes para que se acostumbren.

¡Una buena dosis de tiempo, paciencia y amor hará el resto!

 

Fuente: Legendpetfoods.com